Por la Rev. Elizabeth Eaton, Obispo Presidente de la ELCA

Recientemente descubrí Google Earth. Sí, lo sé; ando un poco atrasada. Pero Google Earth es fascinante. Uno escribe una dirección, y de repente aparece una foto. Uno puede acercar con el zoom lugares de todo el mundo. También se puede alejar con el zoom hasta lograr una vista de 35,000 pies de altura, literalmente. Le invito a probarlo. De hecho, esta será una estupenda actividad en grupo para todos nosotros en la ELCA.

Primero, encuentre su congregación. Ahora expanda el campo y encuentre otras congregaciones cerca de usted. Esto será fácil de hacer en algunos lugares. En la “Media Luna Fértil” del luteranismo —las Dakotas, Minnesota, Wisconsin, Iowa, Illinois, Ohio y Pennsylvania— hay más congregaciones de ELCA por milla cuadrada que estaciones de gasolina. En otros lugares, son pocas las congregaciones de ELCA y están alejadas entre sí, pero allí estamos.

Luego, encuentre la oficina de su sínodo. Puede verl las oficinas esparcidas a lo largo de los Estados Unidos y el Caribe.

Y la ELCA no está sola en Norteamérica. Encuentre las congregaciones, sínodos y la oficina nacional de la Igesia Evangélica Luterana en Canadá; estamos por toda Norteamérica.

Ahora, encuentre a todas las iglesias que son miembros de la Federación Luterana Mundial. Estamos por todo el mundo, en cada continente, con excepción de Antártica. Somos 145 iglesias miembro en 98 países. Hay 74 millones de nosotros, y su congregación es parte de este movimiento luterano mundial.

En mayo, la Federación Luterana Mundial se reunió en asamblea en Windhoek, Namibia. Luteranos de África; Asia; América Latina y el Caribe; Norteamérica; y Europa Occidental, Central y Oriental se reunieron para adorar, cantar, deliberar, estudiar y danzar.

Nuestros contextos son muy diferentes. El clima, la cocina y la cultura; todos varían. Nuestros retos son distintos. En muchas partes del mundo, los luteranos son una comunidad minoritaria, y padecen persecución, se enfrentan a la guerra y la migración a la fuerza, y lidian con los efectos desvastadores del cambio climático. Los luteranos en muchas partes del mundo están ministrando y sirviendo fielmente en una cultura cada vez más secularizada, o en partes del mundo donde la iglesia fue reprimida por casi un siglo, lo que resultó en generaciones enteras que no han oído el evangelio. Pero hay algo que todos tenemos en común —nuestra vida en Cristo.

Tenemos nuestra vida en Cristo —en el Salvador crucificado y resucitado, en el que derramó su vida por nosotros, el que se entregó a sí mismo por la vida del mundo. En el bautismo ya hemos experimentado la única muerte que realmente importa, la muerte del poder del pecado, la muerte de nuestra muerte. “¿Acaso no saben ustedes que todos los que fuimos bautizados para unirnos con Cristo Jesús en realidad fuimos bautizados para participar en su muerte? Por tanto, mediante el bautismo fuimos sepultados con él en su muerte, a fin de que, así como Cristo resucitó por el poder del Padre, también nosotros llevemos una vida nueva” (Romanos 6:3-4).

Tenemos nuestra vida en Cristo —en el Salvador crucificado y resucitado, en el que derramó su vida por nosotros, el que se entregó a sí mismo por la vida del mundo. En el bautismo ya hemos experimentado la única muerte que realmente importa, la muerte del poder del pecado, la muerte de nuestra muerte.

Ahora, vaya a Google Earth y encuentre San Petersburgo, Rusia. En la Asamblea de la Federación Luterana Mundial, un delegado de Rusia contó su historia de libertad en Cristo. Antes había una iglesia luterana en San Petersburgo. Era una hermosa estructura que daba testimonio de la gloria de Dios, en la cual los inmigrantes luteranos que llegaron en el siglo XVIII podían adorar al Señor en la hermosura de la santidad. Ésta fue hábilmente hecha de madera. La Iglesia Luterana de Santa María aún seguía en pie en San Petersburgo, llamado ahora Leningrado.

La iglesia era un lugar de adoración y esperanza en el asedio de Leningrado durante la Segunda Guerra Mundial. Pero la gente se estaba congelando y muriendo de hambre en Leningrado. No había madera para calentarse ni cocinar. De modo que los luteranos miraron su amada iglesia y luego miraron el sufrimiento alrededor de ellos. Pedazo por pedazo desmantelaron su edificio y lo regalaron por la vida de su comunidad.

Esto es lo que es ser libres en Cristo. Esto es parte de nuestra historia luterana y es parte de la historia de su congregación. Vivimos en la libertad de Cristo.

Un mensaje mensual de la obispo presidente de la Iglesia Evangélica Luterana en América. Su dirección de correo electrónico: bishop@elca.org.

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