“Amor significa nunca tener que pedir perdón” (Historia de amor).

“Perdón garantizado. Arrepentimiento opcional” (letrero frente a una iglesia luterana).

Este año, el Miércoles de Ceniza y el día de San Valentín caen en la misma fecha. Parece una combinación extraña—Miércoles de Ceniza, día de arrepentimiento solemne y evaluación honesta de nuestro quebrantamiento, y día de San Valentín, una celebración alegre del amor. ¿Ayunamos, oramos y nos sometemos a rigurosas disciplinas espirituales, o nos sumergimos en la champaña y el chocolate?  ¿Es un día de contrición o de abandono? ¿Nos abstenemos o nos damos gusto?

Es extraño cómo nuestra cultura separa la experiencia humana de la forma en que da tanto valor a la felicidad, la realización personal y la evasión del conflicto, particularmente en las relaciones interpersonales.  La buena vida está libre de problemas. No debe haber preocupaciones, y definitivamente no hay por qué admitir el dolor o la equivocación. Es una vida de posibilidades ilimitadas, alimentada por el pensamiento positivo y la reafirmación. Todo debe ser animado, alegre y divertido y, de alguna forma, así mismo debe ir moldeado el amor. Definitivamente no hay cabida para el Miércoles de Ceniza y el día de San Valentín en un mismo espacio.

Las dos citas de arriba son el manifesto de esta manera de ver la vida. Ambas retienen la promesa de relaciones libres dolor, de inversión y de responsabilidad, y fomentan una vida sin análisis, un tipo de existencia de teflón a la que no se le pegarán las consecuencias. Suenan como algo auténtico, cuando en realidad son sustitutos pobres de las expresiones verdaderas de amor. Como lo son, por ejemplo, los sentimientos impresos en los corazoncitos de azúcar que se comen en el día de San Valentín. En este mundo, el Miércoles de Ceniza y el día de San Valentín no tienen sentido juntos. Pero aquí estamos. En este 14 de febrero habrá dos días santos, y, en nuestra vida en Cristo, éstos no son incompatibles sino inseparables.

La historia de la salvación es una extensa historia de amor entre Dios y su creación, entre Dios y la humanidad, entre Dios y su pueblo. Fuimos creados en amor, para el amor. Amor verdadero. Un amor que es sólido y profundo e inquebrantable. Un amor que es suficientemente verdadero para ser honesto


La historia de la salvación es una extensa historia de amor entre Dios y su creación, entre Dios y la humanidad, entre Dios y su pueblo.


La obra de reconciliación en Cristo es el reconocimiento de Dios, con los ojos bien abiertos, de la rebelión y el pecado humanos, el hecho innegable de que no todo está bien, independientemente de con cuánta insistencia tratemos de arreglarlo o negarlo. El remedio fue el total y completo amor de la encarnación, crucifixión y muerte de Cristo. Jesús viene a nosotros en medio de nuestro dolor—el dolor que sentimos y el dolor que les causamos a otros—y, sin minimizar la seriedad de nuestra ofensa, nos ofrece perdón y vida nueva. Amor no significa nunca tener que pedir perdón—amor significa ser capaz de pedir perdón.

Los luteranos señalan que la gracia es un regalo, pero a veces nos entusiasmamos demasiado. Creo que el letrero que estaba frente a una de nuestras congregaciones y que decía “Perdón garantizado. Arrepentimiento optativo” procuraba anunciar buenas nuevas. Sin embargo, estaba guiando a los transeúntes en dirección equivocada. Nuestra nueva vida reconciliada en Cristo no sólo hace posible que eliminemos toda ilusión de una vida plena y santa causada por nosotros mismos, sino que también nos compele a arrepentirnos.

El teólogo y mártir Dietrich Bonhoeffer nos advirtió acerca de esta gracia barata. Él escribió: “La gracia barata es la que nos otorgamos a nosotros mismos. Gracia barata es la predicación del perdón sin requerir arrepentimiento, el bautismo sin la disciplina de la iglesia, la Comunión sin la confesión…La gracia barata es la gracia sin discipulado, la gracia sin la cruz, la gracia sin Jesucristo, vivo y encarnado” (El costo del discipulado).

De modo que, el Miércoles de Ceniza es un obsequio de San Valentín de parte de Dios; uno que nos invita a entrar profundamente en el misterio del verdadero amor, al examen honesto de nuestras vidas y a la posibilidad de un real arrepentimiento. El Valentín del Miércoles de Ceniza da inicio a la jornada hacia la cruz, al amor apasionado de Dios demostrado en la Pasión de Cristo. Y después de la cruz, la resurrección. No más pretensión, sino libertad.

 

Un mensaje mensual de la obispo presidente de la Iglesia Evangélica Luterana en América. Su dirección de correo electrónico: bishop@elca.org.

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