Somos las ramas

¿Es posible ser luterano y ecumenista? Por supuesto, la respuesta es sí. La ELCA ha continuado el trabajo de nuestras Iglesias predecesoras—la Asociación de Iglesias Evangélicas Luteranas, la Iglesia Luterana Americana, y la Iglesia Luterana en América—que iniciaron diálogos con otras denominaciones. Al nacer la ELCA, su ADN incluía el deseo de unidad. La Asamblea General de 1991 adoptó una “Declaración de compromiso ecuménico: Pronunciamiento de la política de la ELCA”—apenas teníamos cuatro años de exitencia.

¿De dónde proviene este impulso, y por qué tiene tanta importancia para nosotros?

Acabamos de pasar por el 500 aniversario de la Reforma. Limitamos un poco la celebración de éste porque la división de la iglesia no tiene nada por lo cual regocijarse. (Aunque al explicarle esta sensibilidad a un colega católico y socio en el diálogo, éste expresó que la insistencia de los reformadores en la primacía del evangelio es algo que sí debe ser celebrado.) La intención de Martín Lutero jamás fue de dividir la iglesia. Como detestaba la idea de que este nuevo movimiento fuera llamado “luterano”, escribió lo siguiente: “¿Cómo yo, que soy una pobre asquerosa bolsa de gusanos, llego a ser tal que los hijos de Cristo son llamados por mi nombre profano?”

La intención de Lutero y los reformistas era de dar al evangelio un libre curso en el mundo, defender el argumento evangélico de que la buena y misericordiosa voluntad de Dios es reconciliar consigo al mundo, y que esto ha sido logrado mediante la muerte y resurrección de Jesucristo, aparte de todo esfuerzo humano.
A principios de 1530, la Confesión de Augsburgo no sólo esclareció y defendió la postura evangélica de la Reforma, sino que también claramente estableció que la obra de los reformadores era consistente con la iglesia única, santa, católica y apostólica. (Todos deben estudiar la Confesión. Sé que hay congregaciones que han leído y estudiado todo esto, además de todas las Confesiones Luteranas que se encuentran en el Libro de la Concordia. Pregúntele a su pastor.)

Esto no era una desviación de la tradición cristiana ni un rompimiento con la iglesia. El Artículo Séptimo de la Confesión de Augsburgo expuso la base y la posibilidad de la unidad de la iglesia y una variedad de expresiones de la forma en que se podía comunicar el evangelio: “Para la verdadera unidad de la iglesia es suficiente llegar a un acuerdo sobre la doctrina del evangelio y la administración de los sacramentos”.

“Todos nosotros, no solamente estamos conectados con la misma vid; sino que no tenemos vida estando separados de esa vid.”

Elizabeth A. Eaton

Obispo Presidente, Iglesia Evangélica Luterana en América

Pero esta es la verdadera intención de Cristo y la realidad que tenemos en él. Jesús dijo: “Yo soy la vid y ustedes son las ramas” (Juan 15:5). Todos nosotros, no solamente estamos conectados con la misma vid; sino que no tenemos vida estando separados de esa vid. En la Santa Comunión vivimos la realidad actual de Cristo y nuestra realidad futura de que ya somos uno. La ELCA trata humildemente de encarnar esta verdad mediante las seis asociaciones de completa comunión que ya tenemos con la Iglesia Presbiteriana (EE.UU.), la Iglesia Reformada en América, la Iglesia Unida de Cristo, la Iglesia Episcopal, La Iglesia Morava, y la Iglesia Metodista Unida.

Por la Escritura, nuestra confesión y aun nuestra constitución hemos sido programados para ser una iglesia ecuménica. El artículo de la portada de este mes resalta los ministerios ecuménicos de congregaciones y el trabajo de ELCA Ecumenical and Interreligious Relations [Relaciones Ecuménicas e Interreligiosas de la ELCA] (página 14). Es posible ser luterano y ecuménico.

Pero permítame exponer lo siguiente—no es posible que los luteranos seamos ecuménicos si no somos luteranos. Esto podría sonar contrario a la lógica, pero creo que es cierto. Si no somos claros ni versados acerca de la manera luterana de compartir historia de Jesús, si no somos claros con respecto a la gracia que nos hace libres, si hablamos con rodeos sobre la convicción de que la reconciliación y redención del mundo son obra de Dios y no nuestra, ¿cómo podríamos entrar en un diálogo y en una relación con otras ramas de la tradición cristiana?

En 2017 hice una llamado a que leyéramos el Catecismo Menor. Si usted ha guardado su copia del mismo, búsquela, sacúdale el polvo y comience a estudiar.

Su correo electrónico es: bishop@elca.org.

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