Sabemos la verdad

El Día del Padre es en junio. Permítame hablarle un poco de mi papá. Él se llamaba William Frederick Eaton, y nació en 1924 de un padre católico irlandés y una madre luterana alemana. (Siempre habría patatas y repollo en mi futuro). Mi padre fue un hijo de la Gran Depresión. Como miles de personas de su generación, durante la Segunda Guerra Mundial se alistó en el ejército. Siendo oficial del cuerpo aéreo de la armada a la edad de 20 años, piloteó aviones B-24 y sirvió en el norte de África y en Italia.

Mi padre, quien tenía un asombroso sentido del humor, nos contaba a mis hermanos y a mí algunas historias de su época en la armada—sobre el entrenamiento, los amigos que ganó y las travesuras que hacían no precisamente conforme al reglamento. Después de todo, eran jóvenes de 20 años. Solamente una vez mi padre nos habló de una verdadera operación de combate, y sólo de manera breve. La guerra significa matar, y aquellos a quienes enviamos a servir cargan con esto por el resto de sus vidas.

Después de la guerra y recién casados, mi padre y mi madre hicieron una vida juntos. Compraron su primera casa. Mi padre iba a la universidad de noche y obtuvo su título de licenciatura. Uno de mis recuerdos más entrañables de la niñez era cuando mi madre me permitía quedarme despierta hasta tarde para que pudiera ver a mi papá cuando regresaba de sus clases nocturnas. Él fue el primer miembro de su familia en graduarse de la universidad.

Mi padre fue un hombre de integridad y valentía. Creció en una familia de la clase trabajadora, y trabajó duro por todo lo que tenía. Sirvió a su país; amaba a mi madre, a mis hermanos y a mí; levantó una familia, servía en su iglesia; y era miembro activo de su comunidad.

Junio también es el mes de Juneteenth, la celebración de la emancipación y el fin de la esclavitud en los Estados Unidos. El presidente Abraham Lincoln emitió la Proclamación de la Emancipación en 1863. No fue sino hasta el 19 de junio de 1865 que la noticia llegó a Texas, el último estado en tener esclavos. Finalmente, por lo menos oficialmente, se otorgó la libertad a todos. Sabemos que personas de ascendencia africana comenzaron a ocupar puestos en el liderazgo local, estatal y nacional y puestos por elección, incluyendo el Congreso. Éste fue un tiempo de grandes esperanzas y posibilidades para nuestro país, ya que los que habían sido esclavos se convirtieron en ciudadanos y trabajaron a la par de los ciudadanos de ascendencia europea para reconstruir el país. Pero esto duró poco.

Casi inmediatamente se implementaron leyes que restringían el acceso de los afroamericanos al avance económico, al voto, la educación y la adquisición de propiedades. Sabemos la horrible historia del surgimiento del Ku Klux Klan y el horror de los linchamientos.

La familia de mi mi padre había apenas llegado en 1863. La familia de mi madre no vendría a los Estados Unidos sino hasta medio siglo después.

Aquí es donde se cruzan la historia de mi padre y de la de los que aún no se daban por enterados de la emancipación de los afroamericanos. Después de la Segunda Guerra Mundial, nuestro gobierno promulgó el proyecto de ley “GI Bill” que puso a la disposición de los veteranos algunos beneficios como dinero para el pago de su colegiatura universitaria y préstamos hipotecarios. Pero había una traba. Había que ser blanco. El grupo de bombardeos de mi padre tenía un escuadrón aéreo de escolta. La función de estos hombres era proteger a pilotos como mi papá. Ellos eran los pilotos negros de Tuskegee, los pilotos de colas rojas. Estos también eran hombres valientes que sirvieron a nuestro país y que después de la guerra regresaron a casa para comenzar sus familias y hacer sus vidas. Ellos sirvieron en la misma guerra, usaron el mismo uniforme y volaron en las mismas misiones, pero se les negaron los beneficios del GI Bill por ser afroamericanos.

Esto es el privilegio blanco. No disminuye la valentía y el servicio de mi padre. No significa que la gente blanca no se sacrifica o no trabaja duro. Significa que el sistema favorece a la gente blanca. Nosotros no lo creamos—lo heredamos.

Ahora que sabemos esto tenemos que hacer algo al respecto. A los norteamericanos les gusta jugar limpio. Se nos ha enseñado que todo el mundo debe tener igual oportunidad. Ahora sabemos la verdad. Jesús dijo: “y conocerán la verdad, y la verdad los hará libres” (Juan 8:32). Esto tal vez duela, pero produce liberación. No somos libres hasta que todos nosotros seamos libres.

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